América Latina, en vilo, mira a las elecciones en Brasil

Los brasileños acuden este domingo 2 de octubre a las urnas para elegir presidente para el periodo 2023-2026. Se trata de unos comicios triplemente importantes: desde un punto de vista interno, regional - para la región latinoamericana- y para los equilibrios de la geopolítica internacional.

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1-. Desde un punto de vista interno, Brasil vive los comicios más tensos, crispados y polarizados de todo su periodo democrático reciente (1985-2022) pues, aunque hay 11 candidatos, la pugna se centra entre el actual mandatario, Jair Bolsonaro, y el expresidente Luiz Inacio Lula da Silva, que representan estilos e ideas de país no solo opuestas sino incompatibles.

En realidad, Brasil es, a gran escala, un reflejo de lo que acontece en otros países de la región y a nivel mundial.

En primer lugar, se trata de unas elecciones rodeadas de gran crispación que permea a la sociedad producto de la existencia de una polarización tóxica y en los extremos. Si Bolsonaro fue capaz en 2018 de ganar las presidenciales al canalizar el amplio sentimiento antilulista y anti-petista ahora Lula da Silva ha congregado en su entorno el también amplio sentimiento antibolsonarista.

Se enfrentan extremos políticos (lulismo-antibolsonarismo vs bolsonarismo-antilulismo) entre los que no ha puentes de comunicación y representan ideas de país diametralmente opuestas. Ambos candidatos se han descalificado más allá de los normal en toda campaña (Bolsonaro calificando de “comunista” y “ladrón” a Lula y este de “fascista” a su rival). Un enfrentamiento que ha permeado a la sociedad y se han producido enfrentamiento y agresiones entre bolsonaristas y antibolsonaristas. La violencia electoral se ha hecho presente en Brasil: un estudio de la Universidad Federal de Río de Janeiro reveló que en el primer semestre de este año hubo 40 muertos por temas relacionados con la precampaña. La mayor parte de los afectados son votantes de Luiz Inácio Lula da Silva.

Lula ha logrado congregar a su lado a la izquierda, al centroizquierda (salvo al movimiento que encabeza Ciro Gomes que reúne el 8% de los votos) y aparte del centroderecha. Por ejemplo, su candidato a vicepresidente es Geraldo Alckmin que en 2006 fue su rival como candidato del PSDB (centroderecha); y el expresidente Fernando Henrique Cardoso del PSDB ha dado un muy sutil y velado apoyo a Lula. Por su lado, Bolsonaro reúne el voto de las derechas y de la mayoría del movimiento evangélico neopentecostal: cuenta con un voto duro del 30% que está por ver si es su tecno o su suelo para crecer.

Por lo tanto, Brasil como el resto de la región va a votar en primera vuelta castigando a quien gobierna (Bolsonaro) y apoyando a la oposición (Lula) pero no a alguien ajeno al stablishment como ha ocurrido en otras partes (Costa Rica u Honduras).

Todo indica, sin embargo, que Lula no ganará en primera vuelta (no alcanzará el 50%) y pese a que las encuestas le sitúan con entre 8 y 16 puntos de distancia con respecto a Bolsonaro, al final la diferencia puede ser menor.

Pese a que todo indica que habrá segunda vuelta, la última encuesta de Datafolha muestra que Lula (Partido de los Trabajadores, PT) tiene un 47% de las intenciones de voto, contra 33% de Bolsonaro. Si fueran contabilizados los votos válidos, el expresidente subiría dos puntos y alcanzaría el 50%. Por el margen de error, hoy Lula está entre 48% y 52% de los votos válidos, con posibilidades, por lo tanto, de ganar en primera vuelta.

Bolsonaro ha mejorado en las encuestas y puede eludir esa derrota en primera vuelta gracias a varias medidas que ha tomado en estos últimos meses:

  • Logró que se aprobara un “estado de emergencia” con el cual quebró el límite legal del gasto público y liberó 8 mil millones de dólares para ampliar los subsidios a los sectores más empobrecidos (20 millones de familias que pasaron a cobrar de 73 a 110 dólares).
  • Adicionalmente, su gobierno ha contenido la inflación anual presionando a una baja del precio de los combustibles vía reducción de impuestos, lo que a su vez alivió el costo del transporte.

Por lo tanto, todo va a quedar a expensas de lo que acontezca el 30 de octubre cuando habrá segunda vuelta. Ahí es donde existe el temor a que se produzca algún tipo de crisis institucional, ya que desde el bolsonarismo se han lanzado sombras de sospecha sobre el buen funcionamiento del sistema electoral y sobre la imparcialidad del Tribunal Electoral.

Un triunfo ajustado de Lula en esa segunda vuelta podría ser la puerta abierta para el no reconocimiento de los resultados por una de las partes lo que podría poner al país al borde de una crisis institucional y de gobernabilidad. Sin embargo, la fortaleza de las instituciones (sobre todo del poder judicial) y el apoyo de las Fuerzas Armadas (la alta oficialidad en especial) hacen que sea difícil cualquier tipo de subversión al orden establecido.

2-. El componente latinoamericano de las elecciones en Brasil

Los comicios en Brasil pueden ser contemplados desde una doble perspectiva regional.

En primer lugar, como escenario donde se puede confirmar que la región está en un permanente voto de castigo a los oficialismos y que, por ahora, eso conlleva que mayoritariamente accedan al poder gobiernos de centroizquierda o izquierda. Desde 2019 no ha habido ni una sola victoria electoral del partido o presidente en el poder salvo en Nicaragua -comicios sin garantías y en medio de un creciente autoritarismo y represión- en las legislativas de El Salvador y en el plebiscito de Uruguay.

El último triunfo de un oficialismo en presidenciales fue en Paraguay (2018) y desde entonces las victorias opositoras se han dado en 15 de las 16 elecciones, con 10 victorias de las diferentes izquierdas y 6 de las distintas derechas.

Una victoria de Lula en Brasil daría un nuevo impulso a la izquierda en América Latina, no solo por el peso relativo de esta nación. Entre 2020 y 2021 ganaron candidatos de izquierda en la mayoría de las elecciones celebradas en la región: Luis Arce en Bolivia, Pedro Castillo en Perú, Xiomara Castro en Honduras, Gabriel Boric en Chile y Gustavo Petro en Colombia.

En segundo lugar, las elecciones tienen una gran importancia a escala regional porque la victoria de Lula en Brasil reactivaría la integración latinoamericana (el Brasil de Bolsonaro se salió en 2020 de la Celac y con Lula no solo regresaría sino que lo haría para tener un papel relevante). Además, Lula tiene mayor capacidad de llegada que Bolsonaro con otros presidentes de la región y existiría una mayor cercanía con otros gobiernos como el de Boric en Chile o el de Petro en Colombia.

3-. Vertiente geopolítica de las elecciones brasileñas

La victoria de Bolsonaro o de Lula tendrá consecuencias vinculadas al papel de Brasil en su entorno latinoamericano y como actor en el panorama a mundial.

Por ejemplo, un triunfo del candidato presidencial brasileño, Luiz Inácio Lula, supondría un mayor acercamiento a la UE. Lula da Silva se ha mostrado partidario del acercamiento a la UE: ha dicho que de ser elegido en octubre buscará que el bloque sudamericano Mercosur logre un acuerdo con la Unión Europea dentro de seis meses. Además, aspira a explotar juntos la biodiversidad de la Amazonía de forma sostenible: «Brasil necesita a la Unión Europea», ya sea por medio de inversiones, alianzas o intercambio de experiencias, para «construir un mundo limpio», libre de emisiones.

Además, un triunfo de Lula se traduciría en una relación más fluida con los EEUU de Joe Biden.

El presidente de Estados Unidos ha defendido el sistema electoral de Brasil -criticado por Bolsonaro- cuando su embajada publicó un comunicado donde afirmaba que las elecciones brasileñas son un “ejemplo para el mundo” y que su gobierno confiaba en la solidez de sus instituciones.

En líneas generales, como señala el exministro de asuntos exteriores, Celso Amorim la política exterior brasileña sería «pragmática y no ideológica», ya que «no se puede ignorar el hecho de que China es la economía de más rápido crecimiento y será la economía más grande del mundo para fines de la década».

Autores:

Rogelio Núñez Castellano

Doctor en Historia de América Latina por el Instituto Ortega y Gasset (Universidad Complutense de Madrid). Miembro del Instituto de Estudios Latinoamericamos de la Universidad de Alcalá y  professor en la Universidad Francisco de Vitoria

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