El Tren de Aragua: Anatomía de una megabanda y las consecuencias políticas de su expansión

El concepto de megabanda era totalmente desconocido en el argot criminalístico de la región, ya nos encontrábamos familiarizados con los cárteles o sencillamente “crimen organizado” pero este concepto es un híbrido difícil de catalogar. La finalidad de este artículo no busca hacer una biografía de la banda criminal, sino buscar razones de origen sociológico para explicar la naturaleza de su expansión y las implicaciones políticas que eso conlleva.

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El concepto de megabanda era totalmente desconocido en el argot criminalístico de la región, ya nos encontrábamos familiarizados con los cárteles o sencillamente “crimen organizado” pero este concepto es un híbrido difícil de catalogar. La finalidad de este artículo no busca hacer una biografía de la banda criminal, sino buscar razones de origen sociológico para explicar la naturaleza de su expansión y las implicaciones políticas que eso conlleva.

El proceso de descomposición social venezolana no solo empujo a millones de sus ciudadanos a emigrar de su país, sino que trajo consigo la consolidación de estructuras de carácter fáctico, que se desarrollaron ante la ausencia deliberada del Estado. Allí donde el miedo genera reacciones impulsivas, las relaciones sociales se tornan agresivas e incluso pueden llegar a ser crueles, en un escenario poco institucionalizado no queda otra opción que adoptar un orden con reglas de juego primitivas que canalicen la impartición de justicia, que no se basa en los principios del Estado de Derecho, sino en la imposición del más violento, al fin y al cabo, es la realidad de causa y efecto que se conforma entre el miedo y la violencia (España, 2015, págs. 30-31).

En ese contexto se empieza a perfilar el concepto de megabanda, que según el sociólogo venezolano Roberto Briceño-León (Observatorio Venezolano de Violencia, 2022), en el año 2005 el presidente Hugo Chávez ya había iniciado la orquestación de unos acuerdos para ceder progresivamente el control de los centros penitenciarios a los propios presidiarios, bajo la premisa de no intervención externa a cambio de la reducción de la violencia y mantenimiento del orden. Para entender el contexto, bajo una situación de hacinamiento se había consolidado una crisis penitenciaria que había desdibujado la figura del castigo frente a una conducta criminal, por lo tanto, la relación social que justifica la imposición de la pena no tenía sentido.

Briceño partía de una premisa, lo que puede encontrarse en el seno de una sociedad donde la figura del castigo languidece frente a la degradación del encarcelamiento y donde el desvanecimiento de la calidad de vida y la seguridad de los “castigados” pende de las garantías que una estructura criminal puede brindar; la consecuencia es la profesionalización en la infracción y la violencia.

<<Una sociedad puede vivir sin cárceles, pero no puede sobrevivir sin castigo. Porque el castigo es la otra cara de la ley, de la norma que debe regir a las sociedades fundadas en el respeto del otro y en la palabra. La norma y el castigo hacen previsibles a las sociedades e incrementan la confianza y la calidad de vida de sus habitantes. El castigo no amerita ser severo, pero sí certero.>> (Briceño-León, Ávila, & Camardiel, 2012, pág. 159).

El Estado venezolano siguió profundizando dicha política con otros planes de seguridad ciudadana, no escatimaron esfuerzos en acercarse a bandas criminales[1] porque habían entendido el doble rol que podían cumplir, no solo en el supuesto de garantizar la “paz” en las zonas que controlaban, también entendieron que podían usarlas como mecanismo de control a los disidentes políticos.

Por consiguiente, la figura del Tren de Aragua parte de unas condiciones estructurales que le permiten apuntalar la base de conglomerado criminal. Eso les otorga una ventaja comparativa frente a otros grupos criminales, la protección de las instituciones venezolanas forma parte de su crecimiento y consolidación.

Bajo el liderazgo Héctor Rusthenford Guerrero Flores, alias “Niño” Guerrero, esta organización criminal, cuyo principal enclave es la cárcel de Tocorón[2], ubicada en el estado de Aragua de Venezuela, comenzó su proceso de reclutamiento de nuevos integrantes. Esta asociación se facilitaba por el ingreso de criminales de otras bandas del país en el centro penitenciario, que inevitablemente terminaban subyugándose bajo el liderazgo de Guerrero, el Tren de Aragua se fue convirtiendo en una asociación de bandas de aproximadamente 5000 integrantes bajo un solo mando.

Pero sin renunciar en ningún momento a su seña de identidad, el uso excesivo de la violencia. Sus valores y prácticas se fueron unificando, consolidando una marca que logró expandirse en diferentes tipos de actividades delincuenciales (Microtráfico de drogas, prostitución, robo, secuestro, extorsión, entre otras) refinando su accionar y preparándose para la expansión más allá del territorio venezolano por consecuencia de dos grandes fenómenos: La pérdida de rentabilidad de sus actividades en Venezuela y el flujo migratorio venezolano, este último, les garantizaba una serie de contactos de antiguos integrantes de bandas o incluso de algunos miembros activos de las mismas.

Es aquí donde entra la dimensión política o las consecuencias de su expansión, porque a medida que la banda fue tomando posesión y haciéndose fuerte en otros países de la región (Colombia, Perú, Chile, Ecuador, Brasil, etc.) se preparaba para enfrentar los siguientes escenarios: La disputa con las bandas locales y el enfrentamiento con los organismos de seguridad.

Por lo tanto, ante el aumento de las presiones de la población local por el miedo que generan sus prácticas y los esfuerzos de los organismos de seguridad para poder controlarlos pueden llevar a los Estados afectados a aumentar su presión sobre el régimen venezolano, que en medio de su proceso de relegitimación en lo local e internacional puede enfrentarse a una coyuntura.

La conflictividad social en Venezuela aumenta las víctimas del delito no solo en lo nacional, se expande al resto de la región, dichas víctimas traen como consecuencias mayores presiones para controlar el problema desde su origen, pero dicha conflictividad, a su vez, es un instrumento de control político para el chavismo; por lo que, en un futuro se tendrán que enfrentar a la decisión de continuar su proceso de legitimación internacional sacrificando o controlando al Tren de Aragua, o mantener su esquema de control que seguirá profundizando problemas para el resto de la región con las oportunidades y peligros que eso puede representar para la continuidad del chavismo en el poder.

Bibliografía

Briceño-León, R., Ávila, O., & Camardiel, A. (2012). Violencia e institucionalidad: Informe del Observatorio Venezolano de Violencia 2011. Caracas: Editorial Alfa.

España, L. P. (2015). Desiguales entre iguales: Radiografía social de la Venezuela Actual. Caracas: Libros El Nacional.

InSigth Crime. (21 de octubre de 2021). Tren de Aragua. Obtenido de https://es.insightcrime.org/noticias-crimen-organizado-venezuela/tren-de-aragua/

Observatorio Venezolano de Violencia. (26 de julio de 2022). OVV: Observatorio Venezolano de Violenca. Obtenido de https://observatoriodeviolencia.org.ve/news/la-exportacion-de-una-megabanda-radiografia-del-tren-de-aragua-en-america-latina/

Notas Finales

  1. Nótese la mediatización de las iniciativas del gobierno venezolano para aproximarse a las bandas delincuenciales, no se trata del caso exacto del Tren de Aragua, pero es bastante ilustrativo de la praxis gubernamental. https://www.youtube.com/watch?v=vOhEvicOgFo
  2. Nótese las condiciones del centro penitenciario que sirve como refugio para la organización criminal https://runrun.es/investigacion/217111/en-tocoron-el-riesgo-es-que-te-quieras-quedar/
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