Colombia, un reflejo de la coyuntura política-electoral latinoamericana

Foto de Flavia Carpio en Unsplash

Las elecciones en Colombia son un espejo de lo que ocurre en la actual coyuntura latinoamericana. El electorado acude a las urnas con un alto nivel de frustración por el mal funcionamiento de las administraciones públicas (en educación, salud, seguridad y transportes) agravado por los casos de corrupción; por una coyuntura económica compleja desde hace casi una década (bajo e insuficiente crecimiento) y por un deterioro social que va desde el aumento de la pobreza a una creciente vulnerabilidad de las clases medias.

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Colombia acude este domingo 27 de mayo a las urnas para elegir presidente para el periodo 2022-26.Los comicios colombianos, con todas sus peculiaridades y su propia idiosincrasia, también son un retrato del momento político que vive la región y los retos institucionales y de gobernabilidad que marcan a Latinoamérica. 4 son las características de estas elecciones que ya se han podido ver en otros comicios de la región desde hace al menos un lustro y cuyos últimos ejemplos son  Perú y Chile en 2021 o Costa Rica en 2022):

1-. En primer lugar, se trata de elecciones que suponen un voto de castigo a los oficialismos y a las elites

La ciudadanía acude a las urnas en medio de un profundo sentimiento de desafección (e incluso rabia) tras un largo periodo (desde 2013) de bajo crecimiento económico, pérdida de calidad y status social (aumento de la pobreza y la inseguridad para las clases medias) que se ha visto agravado con la pandemia (2020-21) y la actual espiral inflacionaria (2022) acelerada por la crisis en Ucrania. Ese malestar se traduce en voto de castigo a quien ostenta el poder e incluso a la elite política que ha gobernado los países desde los años 80.

Ocurrió en México y Brasil en 2018 cuando la ciudadanía se inclinó por Andrés Manuel López Obrador y Jair Bolsonaro dejando fuera del poder a los partidos que había gobernado desde los 90. El PRI y el PAN en el caso mexicano y el PT y el PSDB en el brasileño.  Volvió a acontecer en El Salvador en 2019-2021 cuando el voto popular apoyó a Nayib Bukele frente a los partidos que habían gobernado el país entre 1989 y 2019 o en el Chile de 2021 cuando salió electo Gabriel Boric y las dos coaliciones que fueron gobiernos desde 1990 ni siquiera pasaron a la segunda vuelta. Los últimos ejemplos han sido los de Perú, Honduras y Costa Rica donde figuras ajenas a los partidos tradicionales (Pedro Castillo, Xiomara Castro y Rodrigo Chaves) han sido elegidos presidentes.

En Colombia ese voto de castigo también se va a dar: el gran favorito, Gustavo Petro, no pertenece a ninguno de los partidos que han gobernado el país desde los años 90 (liberales, conservadores, uribistas o santistas). Sus dos grandes rivales son un outsider como Rodolfo Hernández que levanta la bandera de la antipolítica y representa un sentimiento antipartido y Federido “Fico” Gutiérrez que si bien encauza el voto uribista y de la derecha/centroderecha apoya su candidatura en su labor como edil de Medellín. Es decir que los partidos que han sido poder en las últimas tres décadas han quedado fuera de la contienda electoral que se juega entre tres candidatos que fueron alcaldes de sus respectivas ciudades (Bogotá en el caso de Petro, Medellín en el de Gutiérrez y Bucaramanga en el caso de Rodolfo Hernández).

2-. Incertidumbre es la dinámica que domina en estos comicios

Se trata de unas elecciones repletas de incertidumbres. Se sabe quién será el más votado en primera vuelta (Gustavo Petro) y que habrá segunda vuelta ya que Petro no alcanzará el 50%. El exalcade de Bogotá sueña con sumar ese 50% y evitar una peligrosa segunda vuelta pero esa posibilidad se antoja muy complicada. Lo demás se desconoce: en primer lugar quién será el rival de PetroHasta hace dos semanas todo apuntaba a que sería Federico “Fico” Gutiérrez, pero el alza en las encuestas del candidato independiente Rodolfo Hernández, quien además ha recibido apoyos como el de Ingrid Betancourt que ha retirado su candidatura, han situado al exalcalde de Bucaramanga como una opción posible.

Colombia sigue así la senda por la que han transcurrido otros países con segundas vueltas entre candidatos de partidos no tradicionales (Chile), con candidatos surgidos en la periferia o al margen del sistema o fueras hegemónicas (de Jair Bolsonaro en Brasil a Rodrigo Chaves en Costa Rica pasando por Xiomara Castro en Honduras) y con predominio de la incertidumbre sobre el resultado debido a la inestabilidad y volatilidad creciente del electorado.

3-. Fragmentación y polarización

Los comicios, legislativos de marzo y estos presidenciales de mayo, dejan en Colombia un panorama de fragmentación y polarización en el escenario político. Es cierto que la izquierda que se reúne en torno a Petro cosechó un avance importante, pero está lejos de tener mayorías.

En el Senado el Pacto Histórico -la coalición petrista- tendrá la mayor bancada. Sin embargo son 21 de los 108 escaños. En el Congreso el Pacto Histórico tendrá 27 de 188 escaños y las fuerzas del centroderecha en torno a 80 pero distribuidos entre más de seis fuerzas.

Pero más que la fragmentación el problema es la polarización en los extremos que impide la convivencia:Petro lanzando sombras de sospechas sobre el proceso electoral, Gutiérrez ha acusado a Petro de vínculos con el terrorismo y Rodolfo Hernández ha atacado a todos y contra todos.Todo ello no ayuda a tender puentes para, tras las elecciones, consensuar políticas de estado.

4-. Compleja gobernabilidad futura

La fragmentación y la polarización que vive América Latina desemboca en la formación de gobiernos débiles sin suficientes apoyos parlamentarios y con escaso margen de acción para impulsar agendas de reformas estructurales y consensuadas.

La región, que emprendió una profunda agenda reformista en los años 80 y 90, tras la crisis de la Media Década Perdida abandonó ese rumbo entre otras cosas debido a que la bonanza (2003-2013) hizo olvidar los desafíos estructurales que aún había por delante. Los tiempos de estancamiento económico, desde 2013, han estado acompañados por gobiernos que o no tenían intención de acometer ese tipo de reformas (es el caso de López Obrador en México) o que carecía de apoyos suficientes (el de Iván Duque en Colombia, por ejemplo).

Conclusiones

Las elecciones en Colombia son un espejo de lo que ocurre en la actual coyuntura latinoamericana. El electorado acude a las urnas con un alto nivel de frustración por el mal funcionamiento de las administraciones públicas (en educación, salud, seguridad y transportes) agravado por los casos de corrupción; por una coyuntura económica compleja desde hace casi una década (bajo e insuficiente crecimiento) y por un deterioro social que va desde el aumento de la pobreza a una creciente vulnerabilidad de las clases medias.

Ese coctel ha conducido a los electorados desafectos con el sistema político y de partidos no solo a castigar a los partidos y presidentes en el poder sino a buscar fuerzas políticas y liderazgo ajenos a los tradicionales (Gustavo Petro y Rodolfo Hernández) que vienen de fuera del sistema, de su periferia o de alternativas antaño minoritarias o que nunca han alcanzado el poder.

Más allá del cambio previsto en cuanto a nombre, filiación y fuerzas políticas predominantes lo que no va a cambiar en esta elección colombiana y en las próximas que van a tener lugar en América Latina es la crisis de gobernabilidad que afecta a la región: gobiernos débiles, sin mayoría en el legislativo y sin posibilidad de conformar una sólida base de apoyo debido a la extrema fragmentación de unos legislativos dominados por la polarización.

Esa crisis de gobernabilidad no solo impide que esos gobiernos pongan en marcha reformas estructurales para regresar a la senda de un alto y sostenido crecimiento sino que no transmiten la suficiente seguridad  y estrategias de largo plazo para animar a que lleguen inversiones extranjeras claves para superar los déficits que aquejan a la región: baja productividad y competitividad por ausencia de innovación y déficits en inversión en capital físico y humano.

En este aspecto, la falta de gobernabilidad se transforma en otro impedimento para que América Latina pueda sacar más provecho el teórico nuevo boom de las materias primas y el de las nuevas commodities.

Sobre el autor:

Rogelio Núñez Castellano

Doctor en Historia de América Latina por el Instituto Ortega y Gasset (Universidad Complutense de Madrid). Miembro del Instituto de Estudios Latinoamericamos de la Universidad de Alcalá y  professor en la Universidad Francisco de Vitoria

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