América Latina y el desafío de los nuevos autoritarismos

Las democracias latinoamericanas llegaron “fatigadas” a 2020 y están saliendo de la pandemia también acosadas. Acosadas por la aparición en América Latina de liderazgos políticos desleales con la institucionalidad democrática heredada que proponen alternativas autoritarias: de concentración de poder en un presidente-caudillo, recorte del margen de acción de la oposición y desequilibro de la balanza de poder a favor de los ejecutivos y en detrimento de los legislativos y el poder judicial.

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Latinoamérica ha entrado en su último cuatrimestre de 2021 con dos buenas noticias: la confirmación de que existe un viento de cola económico aunque con la perspectiva de una menor expansión desde 2022. La segunda buena noticia es que se está dando una reducción de la incidencia de la pandemia a medida que avanza la vacunación. Por el contrario, la recta final del año trae un incremento de la incertidumbre política (una incertidumbre a la que ahora se ha unido Argentina) vinculada a las elecciones de este fin de año en Chile, Nicaragua, Honduras y la propia Argentina.

1-. Recuperación económica pero gracias al efecto rebote

La situación económica regional manda dos mensajes. En primer lugar, 2021 va a ser un año de recuperación con respecto a la crisis de 2020, de fuerte expansión (por encima del 5%) aunque no servirá para recuperar el terreno perdido el año pasado.

Y en segundo lugar, se trata de un recuperación debida al efecto rebote tras la recesión de 2020 y no se va a mantener a ese nivel en 2022cuando la región regrese a su tradicional baja expansión, que entre 2013 y 2019 fue de solo el 0,3%, la más baja desde la I Guerra Mundial.

Ese bajo crecimiento a partir de 2022 se produce por la falta de reformas estructurales lo cual ha acentuado viejos déficits regionales: unas economías poco productivas y competitivas, no vinculadas a las cadenas internacionales de valor, dependientes de la exportación de materias primas y no de la innovación, con una estructura fiscal que no permite la inversión por parte de los gobiernos en infraestructuras y capital humano. Como señala Alicia Bárcena de la Cepal, “nuestra región no logra superar sus problemas estructurales de baja inversión, productividad, informalidad, pobreza y desigualdad que ya limitaban antes de la pandemia y que con la pandemia se agravaron. ¿Qué es lo que más nos preocupa? La inversión y la productividad, que son un problema estructural en la región y mientras no podamos resolverlos no vamos a lograr la sostenibilidad, el crecimiento y una recuperación más allá del rebote estadístico”.

Además, dos sombras acechan a las economías regionales. La subida de la inflación y el deterioro del mercado laboral.

Si bien lejos de las altas inflaciones de Venezuela (por encima del 1.700%) y Argentina (40%), la región está sufriendo tensiones inflacionarias: por ejemplo Brasil va a tener la tercera inflación más alta de la región (en torno al 8%, aunque ahora se acerca al 10%) superando al país que solía ocupar ese puesto: Uruguay que rondará el 7%. Además, México y Paraguay se acercan al 6%, Chile el 5%, Colombia y Perú superan el 4%.

Las tensiones inflacionarias están llevando a la subida de los tipos de interés. El Banco Central de Chile decidió incrementar los tipos en 75 puntos básicos, hasta el 1,5%, sumándose así a la lista de instituciones latinoamericanas que han decidido comenzar a retirar los estímulos monetarios, como han sido los casos de Brasil y México. Antes que Chile, el banco central de Brasil elevó su tasa interés de referencia en un puntoporcentual completo en septiembre y prometió otro aumento de la misma magnitud para octubre, en tanto que busca controlar la inflación que se eleva hacia el 10%. En agosto, el Banco de México (Banxico) elevó el tipo de interés al 4,5 %, el segundo aumento consecutivo de 25 puntos básicos. 

Además, el otro grave problema regional es el del mercado laboral. La pandemia dejó alrededor de 30% de empleos perdidos que aún no se han recuperado, afectando principalmente a mujeres y jóvenes. Un reciente estudio de la Organización Internacional del Trabajo revela que más del 70% de los puestos de trabajo están en la informalidad en la región y que la recuperación del empleo no se va a dar antes de 2024 o 2025.

2-. Pandemia: mejoría y heterogeneidad

Si bien la heterogeneidad en cuanto a los contagios y la vacunación sigue siendo la principal característica regional lo cierto es que entre junio y septiembre, América Latina ha visto, salvo excepciones, como disminuían drásticamente el número de casos.

A mediados de junio, con apenas 8% de la población mundial, Latinoamérica registraba una tasa de muertes per cápita ocho veces superior a la cifra mundial. Sin embargo, desde finales de junio, la cifra de contagios comenzó a descender hasta convertir a la región en una de las zonas del mundo que está registrando menos casos de Covid-19.

Esa reducción no solo se da en Sudamérica, sino también en parte de Centroamérica y en México que está dejando atrás lo peor del tercer gran pico de contagios: los datos de contagios y muertes llevan casi un mes de descenso continuado. Las muertes confirmadas y sospechosas apenas llegaron a la mitad en su punto más álgido (menos de 700 diarias) en comparación con la cresta de la segunda ola, a inicios de año, cuando se registraba una media de casi 1.500. La vacunación y un mayor contagio entre personas más jóvenes ayudan a entender esta diferencia entre casos y muertes. Sin embargo, otros países se encuentran en una situación delicada. Se trata del caso de Guatemala donde el 88,23% de los municipios está en alerta roja ante el repunte de casos de coronavirus, sobre todo de la variante delta: 300 de los 340 municipios del país están bajo alerta roja. 

3-. Coyuntura política: elecciones y desafío autoritario

Desde el punto de vista político, la incertidumbre que arrastra la región se verá acentuada por la sucesión de citas ante las urnas que van a tener lugar en este tramo final del año 2021: presidenciales en Chile, Honduras y Nicaragua y legislativas en Argentina.

PaísTipo de elecciónFecha  
  Honduras  Presidenciales  7 de noviembre  
ArgentinaLegislativas14 de noviembre  
ChilePresidenciales21 noviembre, primera vuelta 19 de diciembre, segunda vuelta
NicaraguaPresidenciales28 de noviembre  

En juego va a estar la gobernabilidad en Chile y Argentina, la viabilidad de la institucionalidad democrática en Honduras, mientras que Nicaragua se encamina hacia un sistema político de corte autoritario. 

En Argentina, tras la derrota en las PASO, el gobierno de Alberto Fernández entró en una dura pugna interna que ha reforzado la influencia de la vicepresidenta Cristina Fernández. El ejecutivo, que tiene por delante alcanzar un difícil acuerdo con el FMI, parece encaminado a expandir el gasto y facilitar el aumento del consumo, medidas destinadas a mejoras sus opciones en las elecciones de noviembre pero que entran en colisión con lo que el Fondo espera del gobierno argentino. Como explica el diario La Nación, “decidido a dar vuelta el resultado de la elección a fuerza de anuncios con impacto económico, el Gobierno actualizó este jueves el piso del impuesto a las ganancias. Según informaron fuentes oficiales, el nuevo límite pasará de $150.000 a $175.000 brutos. Debajo de ese monto, el trabajador quedaría librado del pago de Ganancias. Así, son 1.267.000 las personas que no pagarán el tributo”.

En el caso chileno, ninguno de los posibles candidatos a disputar la segunda vuelta (el centroderechista Sebastián Sichel y el izquierdista Gabriel Boric) parece tener opciones de contar con respaldo suficiente en el futuro legislativo, que será una cámara muy fraccionada, ni buena relación con la Convención Constituyente que paralelamente prepara la nueva Carta Magna y en la que ni Sichel ni Boric tienen mayoría.

El desafío de los nuevos autoritarismos

Por encima de estas situaciones coyunturales hay una sombra sobre la mayoría de los países de la región, la sombra del desafío de los autoritarismos.

Las democracias latinoamericanas que no solo no canalizan las demandas sociales, sino que además han visto emerger alternativas políticas de corte demagógico y autoritario que plantean modelos alejados -cuando no contrarios- a la democracia entendida como respeto a la separación de poderes y al adversario así como aceptación de los resultados de las urnas. Una deriva autoritaria que no es patrimonio ni de un espectro concreto del panorama político ni de un grupo etario. Se da en regímenes teóricamente situados a la izquierda como en la Venezuela de Hugo Chávez y Nicolás Maduro o en la Nicaragua de Daniel Ortega, así como en países con mandatarios conservadores como Juan Orlando Hernández (Honduras). Esas estrategias que persiguen debilitar la institucionalidad democrática y potenciar la concentración de poderes en un liderazgo carismático tienen como protagonistas tanto a millenials que proceden de la izquierda (Nayib Bukele en El Salvador) como a líderes de más edad como Jair Bolsonaro, 65 años, exmilitar situado en la derecha extrema del espectro político brasileño.

Además, han aparecido en la mayoría de los países todo un conjunto de fuerzas a un extremo y otro del escenario político contrarias a los modelos políticos construidos en las región desde los años 80: en Chile, desde el derechista Partido Republicano a la coalición de ultra izquierdista Lista del Pueblo; en Argentina los trostkistas y los libertarios de Javier Milei; en Perú un partido de ultraizquierda, Patria Libre, ha ganado las presidenciales más por ser capaz de aglutinar el voto antifujimorista que por adhesión a su programa, mientras surgían en las elecciones de 2021 fuerzas de derecha extrema como Renovación Popular de Rafael López Aliaga. 

Las democracias latinoamericanas llegaron “fatigadas” a 2020 y están saliendo de la pandemia también acosadas. Acosadas por la aparición en América Latina de liderazgos políticos desleales con la institucionalidad democrática heredada que proponen alternativas autoritarias: de concentración de poder en un presidente-caudillo, recorte del margen de acción de la oposición y desequilibro de la balanza de poder a favor de los ejecutivos y en detrimento de los legislativos y el poder judicial.

Un autoritarismo que avanza en el continente por varias razones. Lo hace por la histórica y progresiva desafección entre al ciudadanía latinoamericana hacia las instituciones, los políticos y los partidos la cual se ha acelerado ahora, en medio de la parálisis económica que vive la región (2014-2019) y los efectos negativos económico-sociales de la pandemia (2020). En casi todos los países las principales encuestas de opinión pública como el Latinobarómetro de 2018 o el Barómetro de las Américas de 2019, evidencian, desde antes de la pandemia, una caída en la confianza hacia la democracia y sus instituciones.

Finalmente, y como consecuencia de esta coyuntura y de la crisis de los partidos políticos, la ciudadanía busca otras alternativas para solucionar sus demandas (ineficacia del estado, corrupción, problemas económicos, desigualdad social y de seguridad ciudadana). Unas alternativas que juegan dentro del sistema institucional pero que persiguen acabar con las estructuras legales y constitucionales heredadas y que proponen un modelo de corte autoritario.

En resumen, más que nunca, la región entra en un periodo en el que se va a poner en juego la fortaleza de las instituciones democráticas latinoamericanas. Si bien, en líneas generales, la mayoría presenta problemas estructurales, algunas son más sólidas y resistentes a los desafíos (las de México, Brasil, Colombia o Chile) mientras que otras son más endebles: las de Guatemala, El Salvador , como evidencia el caso de Bukele, Nicaragua, donde Ortega ha logrado acabar con el sistema, o Perú que ya vivió un quiebre de la institucionalidad en los 90 con el fujimorismo.

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