América Latina: una región sin brújula

Los países de América Latina entran en el último cuatrimestre del año 2021 sin haber resuelto las incertidumbres políticas acumuladas desde hace un quinquenio y agravada por el COVID-19 lo cual, con la pandemia aún no controlada, provoca serias dudas sobre la solidez, alcance y duración de la recuperación de la economía.

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Los países de América Latina entran en el último cuatrimestre del año 2021 sin haber resuelto las incertidumbres políticas acumuladas desde hace un quinquenio y agravada por el COVID-19 lo cual, con la pandemia aún no controlada, provoca serias dudas sobre la solidez, alcance y duración de la recuperación de la economía.

Las naciones latinoamericanas han perdido la brújula y no encuentran el sendero que conduce al norte, a la modernización económica, la gobernabilidad política y la paz social.

Desde el punto de vista político-institucional, la región sigue inmersa en un bloqueo reformista. Si bien hay gobiernos que no tienen voluntad política y no creen que se deban poner en marcha reformas estructurales (México, Argentina o Venezuela) y otros carecen de fortaleza política para acometerlas (Guatemala o Colombia), la mayoría no emprende ese camino porque el apretado calendario electoral, con numerosas elecciones presidenciales a corto y medio plazo, reduce el margen de acción de los ejecutivos.  

AñoPaís
2021Presidenciales en Nicaragua, Chile y Honduras y legislativas en Argentina
2022Presidenciales en Costa Rica, Colombia y Brasil y consulta revocatoria en México
2023Presidenciales en Guatemala, Argentina y Paraguay
2024Presidenciales en México, El Salvador, Panamá, República Dominicana, Uruguay y Venezuela

Las dos grandes potencias regionales (México y Brasil) se encuentran sumidas en una pre campaña electoral con pugna institucional incluida (Brasil) o atrapados en una especie de campaña permanente (México) que ha paralizado las reformas en el caso brasileño o las han colocado en la periferia de las políticas públicas.

De forma paralela, en Centroamérica y el Caribe se ha instalado una fuerte crisis política-institucional que afecta a casi toda la región: desde las protestas en Cuba a la deriva autoritaria que está tomando el régimen de Daniel Ortega en Nicaragua pasando por las dificultades del gobierno de Alejandro Giammattei en Guatemala o las incógnitas que trasmite El Salvador de Nayib Bukele.

En Sudamérica, el gobierno de Pedro Castillo en Perú está afrontando en el inicio de su quinquenio serios obstáculos para estabilizarse, mientras que en Chile, Argentina y Colombia la mirada está puesta en las próximas e inminentes elecciones. Solo Ecuador parece haber emprendido el sendero de las reformas si bien el gobierno de Guillermo Lasso carece de suficiente apoyo en el legislativo y tiene enfrente a un sector indígena altamente movilizado.

Esta situación política incide directamente sobre la economía regional que no se beneficia tanto como podría del viento de cola que empieza a soplar una vez que las economías internacionales se recuperan tras la crisis de la pandemia de 2020.

“El intenso ciclo electoral de la región andina aumenta la incertidumbre fiscal en medio de las crecientes presiones del gasto social. La tensión política y el descontento social, que pueden obstaculizar el crecimiento o la consolidación fiscal, se estaban acumulando antes de que la pandemia pusiera de manifiesto la debilidad de los sistemas de salud y las redes de seguridad social, y la desigualdad de ingresos”

Fitch Ratings

De hecho, la calificadora de riesgo Fitch Ratings ha mostrado su preocupación por la creciente incertidumbre política y la tentación de caer en políticas populistas ante el malestar social lo cual desataría presiones sobre las finanzas públicas. “El intenso ciclo electoral de la región andina aumenta la incertidumbre fiscal en medio de las crecientes presiones del gasto social. La tensión política y el descontento social, que pueden obstaculizar el crecimiento o la consolidación fiscal, se estaban acumulando antes de que la pandemia pusiera de manifiesto la debilidad de los sistemas de salud y las redes de seguridad social, y la desigualdad de ingresos”, apunta el informe de la firma.

De nuevo, lo urgente se está comiendo lo importante en la región y la crisis del COVID-19 (urgente e importante) no está siendo utilizada para modernizar las economías regionales. Hay pocos gobiernos con espíritu reformista y en la mayoría los debates políticos predominan sobre todo lo demás. De seguir así, sin brújula, el tren de la modernización se le va a escapar a la región o va a llegar tarde a la misma. Como dijera Ortega y Gasset de Argentina y su recordado “argentinos, a las cosas” es hora de dejar de pensar si son galgos o son podencos. Son perros de caza (la pobreza, la informalidad, la ingobernabilidad, la ineficiencia, la escasa competitividad e improductividad…) y nos están dando alcance.

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