Las PASO hunden a Macri, elevan al cielo al kirchnerismo y sumen a Argentina en la incertidumbre

Los resultados de las PASO han avalado como acertada la estrategia de Cristina Kirchner cuando decidió no ser ella la candidata a presidenta y cedió el puesto a una figura moderada y aceptable para los mercados y capaz de ganar el centro político como Alberto Fernández. Por el contrario a Macri, lastrado por la mala marcha de la economía, de nada le sirvió llevar a un peronista antikirchnerista como su compañero de candidatura (Miguel Picchetto).

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Las internas argentinas se saldaron con un aplastante triunfo opositor (del kirchnerista Frente de Todos encabezado por Alberto Fernández como presidenciable y la expresidenta Cristina Fernández como vicepresidenciable) sobre un Mauricio Macri que recibió un contundente varapalo. Estas internas (Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias, las PASO) no han servido para que el electorado elija a los candidatos presidenciales pues cada partido y coalición solo presentaba una única opción por lo que se han transformado en un termómetro de cómo está electoralmente el país.

Fueron al final 15 puntos de ventaja (un 47,36% de los votos contra un 32,24%) para la oposición con respecto a la coalición oficialista lo que sitúa en esa favorable posición al kirchnerismo no solo para ser la fuerza más votada en la primera vuelta de las presidenciales del 27 de octubre sino con grandes opciones para ganar sin necesidad de acudir al balotaje del 24 de noviembre.

Los resultados de las PASO han avalado como acertada la estrategia de Cristina Kirchner cuando decidió no ser ella la candidata a presidenta y cedió el puesto a una figura moderada y aceptable para los mercados y capaz de ganar el centro político como Alberto Fernández. Por el contrario a Macri, lastrado por la mala marcha de la economía, de nada le sirvió llevar a un peronista antikirchnerista como su compañero de candidatura (Miguel Picchetto).

Ricardo Kirschbaum en Clarín señala que “el principal acierto de los ganadores ha sido, con claridad, articular una coalición electoral entre el peronismo y el kirchnerismo, en la que tanto Alberto Fernández como Cristina Kirchner cumplieron su papel, aunque fue notorio que el paso crucial lo dio la ex presidenta cediendo el lugar de la candidatura. Fernández fue el que acercó a quienes habían puesto reparos y rechazaban la candidatura de Cristina, articuló la alianza con Sergio Massa (cuyo aporte electoral contribuyó a la catástrofe que sufrió Vidal, una dirigente valiosa del macrismo). Ese acuerdo le mostró al peronismo el umbral del poder”.

La derrota de Mauricio Macri en las internas se daba por descontada. La sorpresa ha estado en la magnitud de esa derrota (el kirchnerismo ha alcanzado el 47% de los votos), por la diferencia -15 puntos- que ha separado al actual mandatario con respecto al ganador y, como consecuencia, la posibilidad de que la candidatura opositora pueda incluso vencer en primera vuelta el 27 de octubre.

Estos resultados adelantan un panorama imprevisto ya que todo indicaba que la victoria kirchnerista sería por la mínima y que en una posible segunda vuelta (en noviembre de 2019) Macri reuniría el voto antikirchnerista y tendría cerca la reelección. Ahora ese panorama es diferente por dos razones:

1-. La victoria acerca al kirchnerismo a la victoria en primera vuelta 

Todo apunta a un triunfo del kirchnerismo en primera vuelta el 27 de octubre. Para que eso ocurra la candidatura Fernández-Fernández necesita o bien superar el 45% de los votos o llegar al 40% con diez puntos de ventaja sobre el segundo. Y en las PASO el kirchnerismo no solo saltó por encima del 45% sino que aventajó en 15 puntos a Macri. Así, aunque el macrismo logre recuperar posiciones lo más probable es que el Frente de Todos (kirchnerismo) supere en octubre el 40% y aventaje en 10 puntos a Macri.

El actual presidente dado el alto grado de polarización y la alta participación en las PASO (75%) no tiene mucho espacio hacia el que crecer para recortar distancias. La debilidad de las tercera fuerzas provoca que el macrismo apenas pueda sumar más allá de su propio voto duro puesto que Roberto Lavagna (Consenso Federal) quedó tercero, con un 8,3%; Juan José Gómez Centurión (NOS) sorprendió con el quinto lugar (2,6%) por encima de José Luis Espert (Despertar). Y los otros cuatro precandidatos presidenciales quedaron debajo del 1,5% requerido para competir en octubre.

Además, resultados como el de la decisiva provincia de Buenos Aires (el kirchnerista Axel Kicillof llegó sobrepasó el 49% frente al 32% de la actual gobernadora, la macrista María Eugenia Vidal) presagian una nueva derrota de Macri en octubre.

2-. La clave pasa por la reacción de los mercados

Tras votar los ciudadanos en las PASO y antes de esa primera vuelta en octubre la clave va a estar en la reacción de los mercados. Si el varapalo a Macri desemboca en un terremoto económico, este hundiría aún más las posibilidades del actual presidente de lograr la reelección pues su única bandera actual consistía en haber conseguido estabilizar la inflación y el dólar.

Pero incluso si los mercados responden con tranquilidad esto será más un aval hacia la candidatura kirchnerista que a Macri: evidenciaría que las llamadas a la tranquilidad de Alberto Fernández han surtido efecto.

Argentina, espejo de la realidad político-electoral latinoamericana

Las PASO argentinas han venido a confirmar algunas de las características que están marcando las citas ante las urnas en América Latina, sobre todo en este año 2019. Comicios marcados por la polarización, la desafección, el voto de castigo a los gobiernos y un futuro caracterizado por una compleja gobernabilidad:

a-. Polarización

En primer lugar, los comicios argentinos han mostrado el alto grado de polarización que caracteriza la política latinoamericana.

Las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias –las PASO-, donde participaban numerosos candidatos, han acabado concentrando el voto (en casi un 80%) en dos figuras: en el kirchnerista Alberto Fernández (acompañado por Cristina Kirchner como vicepresidenciable) y en el actual presidente Mauricio Macri.

Estos resultados confirman la “grieta” que padece el país: una marcada polarización sin puentes de comunicación ni capacidad de consenso entre el kirchnerismo y el antikirchnerismo. El voto kirchnerista, seguidor de la expresidenta, es un voto duro y muy fiel que se acerca al 50% mientras que el voto a favor de Macri es más bien un voto resignado, descontento con el actual gobierno pero que se inclina por el mandatario a causa de un rechazo visceral al kirchenrismo.

Como señala Carlos Malamud, “Argentina vuelve a estar ante el precipicio. En las elecciones presidenciales de octubre, se decidirá entre la continuidad del proyecto macrista o el regreso del kirchnerismo a la Casa Rosada. No hay opciones alternativas, dada la fuerte polarización presente en el país. Esto provoca que las otras fuerzas, tanto a la izquierda, como en el centro o incluso en la derecha, estén siendo licuadas por la actual dinámica política”.

b-. Voto de castigo y del enojo

El descontento en Argentina se ha traducido en el respaldo a la oposición, al kirchnerismo, convertido en herramienta de ese voto de castigo a la gestión oficialista, encabezada por Mauricio Macri.

Como señalara Fernando Laborda en La Nación días antes de la cita, “lo cierto es que, a juicio de no pocos analistas, será el nivel de rechazo hacia Macri y hacia Cristina Kirchner el que terminará definiendo la elección presidencial. Se tratará, tal como lo sugirió tiempo atrás el asesor macrista Jaime Durán Barba , de un campeonato para definir al menos malo. Cuánto ayudará la presencia de Alberto Fernández en el primer término de la fórmula a enmascarar el liderazgo de la exmandataria es una de las preguntas clave”.

Al final, el kirchnerismo ha canalizado el voto de rechazo a un gobierno que a duras penas logró en 2019 estabilizar la situación económica (controlar el dólar y bajar levemente la inflación) pero sin lograr sacar al país del decrecimiento. El voto de castigo que aupó al poder a Iván Duque en Colombia, a Jair Bolsonaro en Brasil, a Andrés Manuel López Obrador en México o a Nayib Bukele en El Salvador, ha encontrado en Argentina su propio vehículo, el kirchnerismo. Un resultado que pone en cuestión (como el de López Obrador en México) que la región está girando hacia la derecha. América Latina vota, en la actual coyuntura y en la mayoría de los casos, contra quien está en el poder y no siguiendo adscripciones de derecha o izquierda.

De hecho, todas las citas ante las urnas de 2019 y la mayoría de las de 2018 se han saldado con triunfos opositores. Los candidatos oficiales recibieron duros castigos (en El Salvador, el FMLN  fue el tercero más votado y en México el PRI en el poder quedó a treinta puntos del vencedor) o no lograron acceder a la segunda vuelta (Colombia y Guatemala).

País Año Triunfo opositor
Chile 2017 Sebastián Piñera
Colombia 2018 Iván Duque
México 2018 A.M. López Obrador
Brasil 2018 Jair Bolsonaro
El Salvador 2019 Nayib Bukele
Panamá 2019 Nito Cortizo
Guatemala 2019 Alejandro Giammattei
Argentina 2019 Triunfo del opositor Frente de Todos en las internas (las PASO)

Claudio Jacquelin en La Nación subraya que “nadie anticipó ni vio venir la magnitud de lo que finalmente ocurrió: la abrumadora cantidad de sufragios que obtuvo el Frente de Todos y el notable nivel de rechazo que recibió el oficialismo. Un descomunal voto castigo para el Gobierno…. En la fragilidad y el deterioro de la economía, general y personal, parece estar la clave de casi todo. Se votó con el bolsillo (desfondado). Los antecedentes permitían preverlo, las encuestas alteraron el sentido común”.

d-. Un futuro marcado por una compleja gobernabilidad

Y en cuarto lugar, otro elemento presente ha sido el de la futura compleja gobernabilidad que lanza una sombra de duda sobre la posibilidad de garantizar la estabilidad.

En el caso argentino está por ver si la fortaleza del kirchnerismo se traduce en una mayoría en el legislativo. Todo indica que estaría muy cerca ya que Fernández arrasó en Buenos Aires; ganó en Santa Fe por 10 puntos; en Mendoza, por 3, y sacó diferencias amplísimas en todo el norte del país y en la Patagonia. El kirchnerismo solo perdió en los dos grandes bastiones macristas: Córdoba (perdió por 18 puntos) y la ciudad de Buenos Aires (por 11).

De todas formas, un nuevo gobierno con Cristina Kirchner en el poder (aun en calidad de vicepresidenta) tendrá enfrente y muy contra no solo al 50% del país sino que deberá lidiar con la constante desconfianza de los mercados por más que Alberto Fernández despliegue todos sus encantos para tranquilizar a esos mercados. De hecho, sus primeros mensajes han ido por el camino de tratar de tranquilizar al votante de centro y sobre todo a los mercados: “Nunca fuimos locos, vamos a arreglar lo que otros estropearon. Nuestro objetivo es que los argentinos recuperen la felicidad. Los que están intranquilos que se tranquilicen. Siempre arreglamos los problemas que otros generan. Vamos a trabajar para que los argentinos pacifiquen sus espíritus”.

Macri, que aún tiene opciones de remontada si bien mínimas, corre el riesgo de convertirse en un pato cojo de aquí a octubre y si pierde durante dos meses más hasta el traspaso de poder. Por su lado, un futuro gobierno kirchnerista no va a ser fácil pues la gran duda reside en cómo se desarrollará la convivencia entre el presidente (Alberto Fernández) y la verdadera líder del kirchnerismo (Cristina Fernández de Kirchner). Dos fuertes personalidades, con estilos y visiones diferentes y que ya hace diez años pasaron de cercanos aliados y colaboradores  políticos a descarnados rivales.

Como apunta Joaquín Morales Solá en La Nación, “Alberto es una versión más moderada del kirchnerismo. El carácter fuerte que tiene ante los periodistas (y que poco influyó en las elecciones) es el mismo carácter con el que se relaciona con Cristina. De hecho, fue el único de sus funcionarios que le tiró la renuncia y se fue del cargo. Cristina nunca le perdonó ese gesto hasta la reconciliación necesaria. Debe aceptarse que ella tuvo razón cuando convocó a Alberto para que construyera una amplia alianza de peronistas, que Cristina no podía hacer por su historia de peleas constantes. ¿Esa condición de peleadora, que desplegaba también con su marido, no seguirá predominando cuando ocupe una franja importante del poder? ¿Cómo le responderá Alberto, que tendrá en ese caso los atributos del jefe del Ejecutivo? Son preguntas sin respuesta todavía”.

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